Pichichanes de Almería

Algo de historia de los Pichichanes de Almería

Los pichichanes almerienses son una mezcla explosiva de bombones y licor para despertar la libido.

Son un referente histórico de las tradiciones populares almerienses. Desde tiempos centenarios, los almerienses conceden a los Pichichanes atributos de embrujados, casamenteros, celestinescos, enamoradizos, seductores pasionales y sobre todo afrodisíacos. Según la tradición, todo aquel que bebe o come Pichichanes, recordará y se enamorará de Almería y sus conciudadanos.

Existen dos posibilidades con respecto a su origen.

La primera hipótesis lo sitúa en el pueblo almeriense de Pechina, y se remonta a la batalla de los Genoveses.  En el 1147 el capitán de galera Crespo, del Condado de Barcelona, que venía a unirse a las armadas del rey Alfonso VII y de sus aliados los Genoveses, unidos ambos lucharon y vencieron a los Almohades almerienses. No obstante, la victoria de éstos en tal batalla naval fue herido en los testículos el capitán Crespo, causándole disfunción eréctil, discapacidad conocida en su época como “pollatus morcillonus”.

Atraído Crespo por el afamado prestigio de una curandera-casamentera de Pechina acudió al lugar y se sometió al tratamiento de los Pichichanes. Su curación fue radical. Se reincorporó a la Armada librando mil batallas con éxito y permanentemente “armado” por los Pichichanes engendró 16 hijos de los que 6 fueron gemelos. De ahí se desprende la tesis medicinal que defiende que también son buenos contra la esterilidad.

Tras la reconquista de Al-Andalus por el almohade Yusuf I, Crespo tuvo que huir y recaló en Abdera. Antes se hizo con la fórmula exacta de los Pichichanes, legado familiar que ha ido pasando de una generación a otra entre los prolíferos Crespo.

La segunda hipótesis es meramente de origen etimológico-fonético. Se fundamenta y se apoya en la propia polla. Pero esta palabra, por considerarse soez, grosera y barriobajera fue rechazada por los pioneros filólogos almerienses. Hubo que encontrarle una sinónima que estuviese en el término medio entre las consideradas cursis como miembro viril, falo o pene y la susodicha ramplónica polla. Se corría el riesgo que dando licencia a palabras malsonantes se podría conceder bula o exclusividad al populacho. La elección de la palabra “picha” fue un acierto ya que mantenía las connotaciones humorísticas, pero menos agresivas al lenguaje y significaba lo mismo que la palabra “polla” que se pasa por grosera y la palabra “pene” que no encaja por falta de fuerza humorística y popular. Entre la palabra “polla” y “picha” existen populares conexiones de raíces filológicas y aflore sinónimo.

La historia con su devenir, los modismos del lenguaje y probablemente la benevolencia y flexibilidad de los filólogos almerienses transformaron la “polla” en “picha” y la “picha” en Pichichanes.

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Pichichanes de Almería

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