Bizcochos de Moya

Algo de historia de los Bizcochos de Moya

El Bizcocho de Moya, al igual que los Suspiros de Moya, son unos dulces típicos de la repostería tradicional de la Villa de Moya, al norte de Las Palmas de Gran Canarias.

Es una receta creada por una vecina del pueblo llamada Cha Manuela, que se conoce desde 1930.

Se trata de una especie de bizcocho más seco y crujiente que los habituales, ya que se pasa dos veces por el horno. En la parte superior, está cubierto por un lustre, que también le da el nombre de bizcochos lustrados.

Según cuentan los acianos de Moya, Cha Manuela, se dedicaba a elaborar bizcochos, en una época en la que solo existía una panadería, y es a donde esta señora acudía para hornearlos.

Otras vecinas hicieron lo mismo que Cha Manuela, aunque a una de ellas, se le pasó el tiempo del horno y se le quemaron. En vez de tirar los bizcochos, decidió untarlos con un poco de lustre para disimular el estropicio y pasarlos otro poquito más por el horno.

bizcochos de moya
Bizcochos de Moya

Ingredientes
4 claras de huevo
1 yema de huevo
134 gramos de azúcar blanca
167 gramos de harina
Ralladura de 1 limón
Para pintar por encima
Zumo de medio limón pequeño
125 gramos de azúcar glass

Preparación

Batiremos en un bol, 3 claras a punto de nieve con la mitad del azúcar.

Por otro lado, montaremos la yema con la otra mitad del azúcar.

Mezclaremos las dos masas y echaremos la harina con la ralladura de limón con movimientos envolventes para no bajar la mezcla.

Pondremos la masa en un molde untado con mantequilla y forrado de papel de horno.

Meteremos el molde en el horno precalentado a 170ºC durante 45 o 50 minutos con calor abajo y los últimos 10 – 15 minutos con calor arriba y abajo.

Dejaremos enfriar y cortaremos en trozos rectangulares.

Prepararemos el lustre montando las claras, y cuando estén semi montadas añadiremos el azúcar glass tamizado y el zumo del limón. Con este lustre pintaremos los bizcochos.

Pondremos el horno a 150ºC con calor arriba y abajo duran 1,5 h aproximadamente, hasta que se seque el merengue y los bizcochos hayan perdido humedad, estén compactos y al rascaros un poco se desprenda como si fuera arenilla.

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